Monte-Carlo y Dakar tan distintos y tan similares

¿Pueden parecerse las dos pruebas? Una es invernal, con la nieve protagonista. La otra tiene en la arena y el calor sus datos definitorios.

Pero más allá de la competición pura, ambas pruebas gozan de un ADN sino común sí muy familiar: lo imprevisto.

La escabechina -o golpes de teatro- de esta primera jornada completa del Rally de Monte-Carlo me han recordado al inicio del Dakar de este mismo año. Ambas pruebas han tenido en sus inicios una selección implacable: los peor preparados han quedado en la cuneta, los más osados han pagado una factura importante que les ha dejado fuera de juego, al menos para la victoria.

Esto me ha llevado a reflexionar que las dos pruebas que nos alegran -a los amantes del automovilismo- el duro mes de enero tienen una magia que escapa a lo común. Son una también una gran leyenda que no sólo interesan a los aficionados, sino que también al gran público.

Muchos recuerdan inicios del Dakar con la mitad de los participantes fuera de carrera, como sucedió en las dunas de la frontera entre Argelia y Libia. Algo similar a lo que ya sucedió en el Montecarlo cuando una intensa nevada sorprendió a los participantes en Burzet en 1973. De repente comenzaron a atascarse y el tapón fue monumental. Tanto como el cabreo de los eliminados que intentaron cortar, en señal de protesta, otros tramos de la prueba y que al final fueron compensados en la siguiente edición. Faltaban seis años para que el Dakar naciera y ‘el Monte’ era la cita obligada del piloto-aventurero.

Entre el Montecarlo y el Dakar existen por lo tanto muchos paralelismos. Durante más de 70 años, el Montecarlo fue la gran aventura del automovilismo. Las listas de inscritos eran espectaculares; llegar a los 350 inscritos era habitual. Muchos de ellos sólo disputaban esta prueba; para ellos era una ‘aventura’ al volante.

No se trataba de clasificarse bien, sino de acabar las pruebas, superar las duras condiciones invernales, las carreteras heladas y nevadas -más de 80 cm- que en ocasiones tenían un trazado un tanto atípico y estrecho, el ‘surco’ de una máquina quitanieves, pero siempre con el hielo o nieve como capa de rodadura base porque por entonces eso de echar sal a las carreteras no parecía ser una necesidad.

En cierta forma seguía vigente el espíritu inicial del ‘Monte’, cuando el rally era simplemente una excusa para que algunos millonarios o aristócratas que eran avanzados en su tiempo, se dieran una cita en la Costa Azul y pudieran explicar sus batallitas.

Cuando las asistencias no existían más que para las marcas y el grueso de los participantes debían llevar sus ruedas de nieve en la baca o el interior del coche e irlas cambiando conforme las circunstancias. Años en los que antes de comenzar la prueba había un largo recorrido de concentración -los puntos de salida eran seis o siete y cada piloto elegía el que le convenía- lo que en ocasiones hizo sufrir mucho a los que salían desde el norte de Europa.

Cuando los participantes eran ‘despedidos’ al irse a la aventura y recibidos a su vuelta tras completarla como hoy se hace con los ‘dakarianos’. Y se escuchaba atentamente las peripecias de unos y otros.

Pero las carreteras europeas han mejorado. En la mayor parte de países rodar en invierno no es un problema; si hay nieve, la sal se encarga de eliminarla. Y la aventura ha dado paso a la competición pura y dura conforme los pilotos aventureros iban fijándose en el Dakar. Sobre todo, el africano, porque en Sudamérica, por las características del terreno quizás no se prestaban tanto a ello. Afortunadamente Marc Coma ha sabido reencontrar el camino en esta edición.

Es cierto. Cada prueba ha tenido su historia, su tiempo, su evolución. Quizás el ‘parecido’ entre ambas es el parentesco. En el fondo, pertenecen a dos generaciones diferentes. Por eso hay similitudes. Pero por eso son, también, tan diferentes.

Incluso podemos encontrar algún nexo común. El Peugeot 205 Turbo 16, que del Mundial de Rallies pasó al Dakar cuando la FIA prohibió los grupo B. O los de esos grandes pilotos que han ganado ambas pruebas. Carlos Sainz ganó su último Montecarlo en 1998; veinte años después ha ganado su segundo Dakar. Pero también están Kankkunen, Salonen, Vatanen, Saby, Hirvonen o Loeb; nombres clave en el mundo de los rallies que han brillando en ambas pruebas.

Fuente: http://revistascratch.com/blog/monte-carlo-y-dakar-tan-distintos-y-tan-similares-1402

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