Sara García: “Mi padre me contaba historias del Dakar y yo las quiero vivir”

La piloto Sara García (Zamora, 1988) recuerda que muchas sobremesas durante las vacaciones navideñas giraban, habitualmente, en torno al Dakar. Su padre, mecánico de profesión, la sorprendía durante su juventud “con sus historietas sobre el rally más duro del mundo”.

Ella se sumergía, fascinada, en las diapositivas de aquella prueba que a finales de año se colaba en su casa y empezó a construir un sueño que empieza a intuir cercano: ser parte de ella.

“Mi padre me contaba sus historias del Dakar, ahora yo las quiero vivir”, asegura durante su visita a la sede de la Agencia EFE.

Disputar la edición de 2019 es su objetivo después de haberse convencido durante la última temporada de sus capacidades sobre la moto. La castellano-leonesa ganó la Baja Aragón en su debut en la disciplina y se proclamó campeona del mundo de Bajas, obteniendo el decimonoveno puesto de la clasificación general.

“Cuando me planteé la temporada, no esperaba este final”, reconoce durante la entrevista. “Iba a coger experiencia, pero me he estrenado con la medalla de oro y eso significa que puedo estar ahí, que tengo el nivel”, sostiene.

Más allá de su triunfo en la categoría femenina, sin embargo, Sara García repara “en la comparación de tiempos con los mejores del mundo”. “Me he medido con gente como Joan Barreda o Michael Metge y siento que he dado un gran paso este año”, afirma.

Bajo una melena morena coloreada de azul, una sonrisa anuncia que su éxito “fue inesperado”.

“Fue llegar y besar el santo”, bromea orgullosa de haber sabido contrarrestar la experiencia de la también española Rosa Romero y de la portuguesa Rita Vieira, las grandes favoritas.

Sara García está todavía engrosando su trayectoria de competiciones y resultados. La zamorana, de hecho, se inició en la práctica del motocross a una edad tardía. Una caída de una Pigui cuando tenía tres años hizo que le cogiera “pánico” a las motos.

“Ese susto me hizo pensar que era peligroso y ya no retomé la aventura hasta los catorce años, con una ‘scooter’, después de ver cómo mi padre volvía a casa cada domingo con una sonrisa de oreja a oreja”, rememora.

“A los quince años me regaló mi primera moto. Luego empecé a salir con él y sus amigos de enduro. Hasta que me llevaron a un circuito de motocross. Ahí dije: ‘esto es lo que me gusta’. A los 18 empecé a competir, hasta ahora”, indica.

Los daños de la competición, sin embargo, se empiezan a advertir en su cuerpo. “Me operé del hombro derecho y de las dos rodillas. Me rompí las dos clavículas y tuve una luxación de codo”, enumera. “Sé que me expongo a eso, por eso ahora trato de minimizar los riesgos”.

Fue, precisamente, una lesión de espalda la que motivó su ‘salto’ del motocross al rally. “Tiene menos impacto, es menos lesivo, aunque el desgaste físico es mayor, porque son más horas”, abunda.

Este cambio ha tenido un efecto en sus resultados. Se presentó sin grandes expectativas en la Baja Aragón. Cuando fue a entregar “el cartón de carrera” se encontró con la buena nueva.

“Mi padre empezó a gritar: ‘has ganado, has ganado’. Yo no me lo podía creer, pensaba que se habían confundido”, recuerda Sara García, ingeniera mecánica en una consultoría.

“Los rallys son mi segundo trabajo. Soy realista, sé que es muy difícil vivir de esto”, apostilla.

Su única exigencia es “disfrutar de la moto”. Sin embargo, no siempre fue así.

“Al principio me lo planteaba de forma diferente. Me costaba mucho ir a las carreras porque era tan competitiva y perfeccionista que asumía un mal resultado como un fiasco. Hace dos años cambié el chip. Sigo siendo competitiva y perfeccionista, pero he aprendido a disfrutar, a competir con cero presión. Paradójicamente, así es como están saliendo los mejores resultados”, celebra.

También ha sido importante el cuidado del entrenamiento y la nutrición. “Todo va sumando. Los pequeños detalles marcan la diferencia y esta temporada he dado un salto cualitativo”, dice.

Eso le ha permitido recuperar un viejo anhelo: disputar el Rally Dakar. El año 2018 será preparatorio para el gran desafío que afrontará en enero de 2019.

“Es la prueba más dura del mundo. Todos los humanos somos un poco masoquistas y ahí se trata de medirse con uno mismo, de buscar tus límites”, remarca.

Cree que lo puede “hacer bien, porque no se trata solo de ir rápido sino también de pensar, de leer el terreno y las inclemencias meteorológicas”, aunque rechaza compararse con Laia Sanz. “Ella es, simplemente, estratosférica”, sentencia.

Foto cabecera: La piloto Sara García (Zamora, 1988), con ganas de correr el Dakar en 2019. (Ángel Díaz – Ángel Díaz / EFE)

Fuente: http://www.mundodeportivo.com/motor/rallies/20171227/433908265625/sara-garcia-mi-padre-me-contaba-historias-del-dakar-y-yo-las-quiero-vivir.html

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